Daniel Ulibarri

El padre de todos los pecados

Llegó Lujuria. Y los demás pecados le dijeron: “Hola, Lujuria“.

Llegó Envidia. Y los demás pecados le dijeron: “Hola, Envidia“.

Llegó Gula. Y los demás pecados le dijeron: “Hola, Gula“.

Llegó Pereza. Y los demás pecados le dijeron: “Hola, Pereza“.

Llegó Avaricia. Y los demás pecados le dijeron: “Hola, Avaricia“.

Llegó Ira. Y los demás pecados le dijeron: “Hola, Ira“.

Llegó Soberbia. Y los demás pecados le dijeron: “Hola, papá“.

El soberbio, en efecto, es la padre de todos los pecados. Es su origen.

Fue quien incitó a Lucifer a rebelarse contra su Señor al grito de “Non serviam!”: “¡No serviré!”.

En el terreno de lo humano la soberbia acompaña al poder como la sombra al cuerpo.

Difícilmente el poderoso dejará de ser soberbio.

Se sentirá absoluto, o sea, absuelto de cumplir las leyes, reglas y deberes que a los demás obligan, y creerá que puede hacer y deshacer a su capricho, sobre todo si aquel a quien la fortuna política encumbró es persona de pocas letras y deficiente educación.

 

Dejá un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: