Daniel Ulibarri

Orgullo y prejuicios: cinco retos entre la Comunidad LGBTQ+

 

Este año se cumpió el 52º aniversario de la primera marcha del Orgullo, que comenzó como una conmemoración de los acontecimientos del 28 de junio de 1969, cuando, empoderados por la lucha de los derechos de la personas negras, el movimiento feminista y los muchos grupos anti-guerra, los clientes del Stonewall Inn de la ciudad de Nueva York dijeron basta.

Las personas negras, morenas, transgénero y de género no binario encabezaron la resistencia y los acontecimientos revolucionarios duraron seis días. Hubo tanto manifestantes pacíficos como alborotadores desafiantes. Hubo disturbios. Hubo violencia. Hubo daños materiales, y hubo gente que fue a la cárcel.

 

Así, el resto del mundo ofrece un saludo y respalda sus contribuciones, aunque ninguna de ellas fue celebrada en su momento.

 

Stonewall, al igual que muchos los disturbios de la historia, tanto pasada como actual, se originó por una reacción contra la violencia y la brutalidad policial.

 

Porque todas estas personas estaban cansadas de esconder sus identidades, su sexualidad y quiénes eran por temor a represalias de las autoridades.

 

De allí nace el concepto del Orgullo: es algo que la comunidad necesitaba como un correctivo a una cultura que nos enseñaba que ser LGBTQI+ era algo de lo que había que avergonzarse, prueba de un defecto físico, moral o mental.

 

Sabemos lo importante que es sentir que el trato hacia nosotros sea igual que hacia el resto de la sociedad; y por ello constantemente pedimos igualdad de derechos que se han ganado a pulso y con mucho esfuerzo.

 

Pese a ello, hoy en día es muy común ver actitudes tóxicas y discriminatorias dentro de nuestra misma comunidad LGBTQ+, y que ponen de manifiesto cómo la heteronormatividad, la visión binaria de género e incluso las ideas erróneas acerca del VIH aún siguen existiendo en espacios en el que cada una de las personas que forman parte del espectro queer deberían sentirse seguras.

 

Hoy destaco algunas de estas ideas tóxicas que continuamos viendo entre la comunidad LGBTQ+, y que deben terminar de una vez por todas: al aceptar nuestras diferencias como fortalezas y descubramos que nuestra diversidad nos hace más ricos como seres humanos, podremos avanzar y luchar por un futuro mejor.

 

 

1. El rechazo hacia los hombres afeminados, el racismo y la cosificación e hipersexualización del cuerpo

En estos días, parece que el ideal en las redes sociales es poder producir una foto tipo thirst trap en el que el protagonista parezca una versión mejorada de Chris Hemsworth en el clímax de un workout para Thor.

 

La apariencia es cada vez más masculina, con los músculos marcados, y curiosamente, muy blanca. Hasta los perfiles de las apps de citas incluyen frases que excluyen a maricones, gordos, asiáticos y negros.

 

Si tu aspecto no es el de un competidor de artes marciales mixtas (MMA) masculino y hasta heterosexual, sos rechazado.

 

Si sos demasiado delgado, afeminado, con voz fina o tu cuerpo no parece la portada de Men’s Health, sos desechado.

 

Además, todo esto viene acompañado de la hipersexualización y cosificación de los hombres homosexuales, que lleva a muchos gays jóvenes a imitar comportamientos que van en contra de su autocuidado y las relaciones sanas: terminan avergonzándose de sus cuerpos y solo sintiéndose como “buenos gays” si lucen de cierta manera, afectando su autoestima y haciéndoles sentir ansiedad constante por su aspecto.

 

Por favor… dejemos por fin de imitar la idealización del mundo heterosexual de la masculinidad blanca, la riqueza y el atractivo, y valoremos en cambio la inteligencia emocional, la compasión y la empatía.

 

No sabés si podés encontrar al amor de tu vida entre quienes ignoras por su aspecto físico.

 

2. No tener VIH equivale a estar “sano” o “limpio”

 

Esta es otra tendencia preocupante: el ver en las aplicaciones de citas perfiles que dicen que están “sanos” o “limpios”, un eufemismo para indicar que quienes vemos en la foto tienen un status negativo en cuanto al VIH.

 

Es casi imposible de creer que después de años de discriminación por parte de la sociedad para con el VIH/SIDA, una crisis en los años 80 que dejó millones de personas homosexuales fallecidas debido a que muy poco interesaba en ese entonces conocer la cura para una lo que se llamaba peyorativamente una “plaga gay”, tengamos que seguir viendo a las personas seropositivas como anormales.

 

Hoy en día, las terapias antirretrovirales y la provisión de profilaxis post-exposición (PrEP)  permiten a las personas con VIH y sus parejas una vida perfectamente normal. Por favor informémonos bien para que no pases solo por ignorante, sino por cruel.

 

3. Críticas hacia las lesbianas “demasiado masculinas”

 

Sí, aún en el siglo 21 existen personas dentro de nuestra misma comunidad que quieren controlar la manera en que las mujeres lesbianas se presentan ante el mundo: al parecer, si no son hiperfemeninas al punto de parecer una aspirante a un certamen de belleza, todas son feas, poco atractivas y masculinas.

 

Lo cierto es que ser “marimacha” o “butch” consiste en jugar y desafiar los roles y las expresiones de género binarios tradicionales masculinos y femeninos.

 

Esta dinámica de ser mujer y lucir masculina subvierte las normas de género esperadas de la sociedad heteronormativa y binaria.

 

Las lesbianas con aspecto masculino siempre han existido, desafiando la comprensión social de los roles de género, en todas las culturas y a lo largo de la historia. Además, se visten para complacerse a sí mismas y no a tus ideas de género de antaño. Ocúpese de lo suyo.

 

4. La discriminación contra las personas trans

 

Nuestra comunidad ha sido considerada durante mucho tiempo como de alto riesgo para la depresión, la ansiedad, el abuso de sustancias y el suicidio.

 

Cuando se habla de los factores que contribuyen a una mala salud mental, las personas LGBTQ+ suelen citar la percepción de que la comunidad queer es excesivamente competitiva y centrada en el sexo, excluyendo a las personas por su raza, edad, tamaño y estado serológico.

 

Con demasiada frecuencia hemos imitado los ideales heteronormativos con nuestros propios marcadores de estatus superficiales, como la masculinidad, la riqueza y el atractivo.

 

Lamentablemente no hay una comunidad que sienta más esta exclusión que la trans, especialmente por sectores “críticos de género” y para quienes el sexo asignado al nacer y el género deben ser lo mismo, reafirmando las ideas de la sociedad más conservadora, binaria y heteronormativa.

 

De hecho, muchas feministas autodenominadas “radicales” sostienen que permitir a mujeres trans existir en los mismos espacios de las mujeres cis es un riesgo para estas últimas, cuando estos son mitos tóxicos para la comunidad trans.

 

Dejemos atrás estas ideas francamente medievales.

 

5. La invisibilización de las personas bisexuales y pansexuales

 

¿Hasta cuándo tendremos que escuchar de personas de la misma comunidad LGBTQ+ que las personas bisexuales simplemente son indecisas y promiscuas?

 

Si te identificás como bisexual o pansexual, lo más probable es que tu identidad solo exista y se reafirme de acuerdo a la persona con quien sales: si es con alguien de tu mismo género, sos homosexual; si lo hacés con alguien de género opuesto sos heterosexual, y si lo hacés con alguien trans, de género fluido o no binarie, a algunos se les vuela la cabeza.

 

Parece que entender que a las personas bi o pan les gustan las personas y se sienten atraídas por ella sin importar su género es muy difícil de comprender por muchos, pero lo cierto es que nuestras preferencias son tan válidas como las de cualquier otro en el espectro LGBTQ+.

 

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