Daniel Ulibarri

Ola

Se monta en el mar una pared cóncava acanalada con brillo, que empuja hacia adelante, construye altura.

Su fortaleza pendiente desde su escondite se levanta a la vista: siluetas negras en tableros.

Pies pálidos se curvan, equilibran su peso, una habilidad aprendida.

Es la ola que imitan y los mantiene tan quietos.

Los cuerpos marmoleados se han convertido en mitad ola, mitad persona, pies de espuma en procesión cronometrada:

El equilibrio es el triunfo en este lugar, el tirón sin sentido del que cabalgar.

Un estante fluido se rompe como lo dejan, cae y, ralentizado, se pierde a sí mismo.

Cuerpos envainados y resbaladizos como focas que aflojan y hormiguean;

Por la tabla se siente el pie descalzo, chupada de guijarros.

Aún reman en las aguas poco profundas.

Dos se salpican, luego todos nadan para esperar a que la ola correcta los reúna.

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