Daniel Ulibarri

Nunca pensaste

Alguien te ha robado lo que más querías. Estás sorprendido, porque nunca pensaste que lo que robó el ladrón era lo que más amabas. Si alguien te hubiera preguntado qué era lo que más amabas, no habrías dicho que era esta cosa. Pero ahora que el ladrón te lo ha robado, entendés por su ausencia que es lo que más amas. Deambulás por la ciudad, buscando en contenedores de basura, revisando casas de empeño, preguntando a extraños, con la esperanza de encontrar lo que amas. Conseguís buena información de algunos caracoles geniales y te dirigís a los acantilados que dominan el río cacofónico. El ladrón está allí, parado al borde de los acantilados, de espaldas a vos. Caminás y te parás junto a ellos, escuchando el trueno de las aguas bravas sobre las rocas, viendo las nubes deslizarse y retorcerse dentro y fuera de la existencia. Me quitaste lo que más amo, le decís al ladrón. No , dice el ladrón, no lo hice. Así no es como funciona el amor. El ladrón te lo devuelve, lo que más amás. Pero cuando lo recuperás la cosa, no volvés a sentir el amor. Incluso con lo que más amás en tus manos, sentís la ausencia. ¿Cómo lo recupero? decís, ¿cómo recupero el amor? El ladrón te entrega un montón de hilo enredado. Aquí , dice el ladrón. Depende de vos. Tenés que salir de esto. Mirás más de cerca el hilo y ves que no está hecho de lana o acrílico, sino que en las fibras entrelazadas del hilo está contenido todo lo que has sentido, conocido y creído, y envuelto con todo esto también está todo lo que podrías algún día sentir, saber y creer. Sostenés la brazada de hilo cerca de vos. Es pesada, más pesada de lo que habrías pensado. ¿Tengo que hacerlo ahora? vos decís. El ladrón dice: No, ahora no. Pero pronto. Vos decís, ¿Cómo sabré cuando haya terminado? El ladrón dice: No lo harás.

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