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Daniel Ulibarri

Nueva vida

Lo más probable es que nunca debimos haber nacido. Ninguno de nosotros. Solo uno entre los 250 millones liberados en un torrente de semen que se desliza como una limusina de cristal llena de renacuajos de posibles personas, una de las cuales puede o puede que no seás vos: un ser hecho de agua y sangre, una criatura con ojos y extremidades que terminan en puños.

Un vos con todo y tu particular perfume, las cuerdas de tus musculosas piernas cantando mientras se forman, tus órganos tarareando y zumbando con nueva vida, rayos de luna iluminando las bobinas grises de tu cerebro, las exquisitas colinas de tu rostro.

Serás el juguete humano que anhela tu madre, el que tu padre anhela abrazar, vos inconfundible tomarás tu primer aliento, tu primer paso y golpearás una olla de cobre con una cuchara de madera.

Vos, cuyo corazón cederá, zigzagueando hacia abajo una pendiente escocesa desconocida. Y esos son solo algunas de las cosas que algún día sabrás, lentamente golpeándote entre tu ignorancia y tus dudas, vos que naciste de las cenizas y volverás a ser cenizas.