septiembre 30, 2020

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¿De dónde viene esta nube que ahora viene?

La veo llegar, enorme vaca blanca, y pienso que bajará, lenta y magnífica, a pacer la hierba que la lluvia de ayer untó en la tierra.

Pero la nube pasa de largo -y de ancho- y ni siquiera tiende una mirada sobre mí.

Ella vuela, y las criaturas que vuelan nos desdeñan a los que no volamos. Ella se va, y las criaturas que se van nos desdeñan a los que nos quedamos.

Perdona, nube vaca, vaca nube. Yo no soy más que un hombre que te envidia. Quisiera tener tu altura de viento, tu blancura de niña, tu paso de reina que se encamina a donde vive el sol.

Quisiera ser eterno como tú, que pasas siempre y nunca pasas, que cuando parece que ya has pasado vuelves a pasar.

Llévame contigo a donde vas, no importa a dónde. Quizá conoceré por ti ciudades que tienen nombre de poema: Golconda, Samarkanda, Alejandría…

Quizá conoceré por ti al ser que soy, nebuloso como un cielo lleno de ti.

No me oyes y te vas.

Sólo quedo yo, yo solo.

Si algo me estás diciendo no te escucho.

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