septiembre 22, 2020

«No somos nada«.

Esas palabras dijo don Algón.

Su socio, don Sinople, se sorprendió al oír tal frase, pues los dos se hallaban en el lujoso bar de un elegante hotel de playa en la muy grata compañía de dos hermosas damas.

«No somos nada» -repitió don Algón al tiempo que se servía otra copa de champaña.

Y lo mismo volvió a decir, «no somos nada«, cuando los dos se despidieron para ir a sus respectivas habitaciones en la agradable compañía que dije.

Al día siguiente don Sinople le preguntó a su amigo:

«¿Por qué anoche te la pasaste todo el tiempo diciendo: ‘No somos nada’?«.

Explicó don Algón:

«No me dejabas terminar. Quería decir: ‘No somos nada pendejos‘».

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