octubre 22, 2020

Aquel niño tenía extrañas ocurrencias.

Decía que el mar eran las lágrimas del mundo.

Decía que las estrellas eran agujeritos a través de los cuales se veía el cielo.

Decía que las flores eran mariposas quietas, y que las mariposas eran flores que se habían ido volando por el viento.

El padre del pequeño se inquietaba.

Dijo un día:

No sé qué va a ser de este niño.

La mamá respondió:

Yo sí sé. Va a ser poeta.

Se quedaron pensando los dos, y luego dijeron al mismo tiempo, pesarosos:

-¡Pobrecito!

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