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Daniel Ulibarri

Naufragio

Naufragó el barco.
Un marinero logró asirse a un madero, y al cabo de varios días las olas lo arrojaron a la playa de una isla.
Temeroso de que el lugar estuviera habitado por salvajes el náufrago se ocultó entre unos arbustos.
En eso oyó una voz de hombre:
¡Maldito bastardo! ¡Estás haciendo trampas en el juego, hijo de puta! ¡Pero vas a conocer el filo de mi puñal, canalla! ¡Te sacaré las tripas y haré que te las comás, malparido! ¡Luego te colgaré de un árbol para que te devoren las aves carroñeras! ¡De mí nadie se burla, borracho miserable!
El náufrago escuchó aquello y alzó los brazos al cielo.
¡Alabado sea el Señor! -clamó feliz-. ¡Estoy en un país cristiano!

Amante del humo, la gasolina, los químicos y preservantes. Quienes son amantes del "fitness", el gimnasio, las dietas y los maratones y cualquiera que abrigue escrúpulos de moralina, se encierre en sus 'tiquismiquis' de conciencia y provincialismos santurrones, deje de lado estos renglones ahora mismo.

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