Daniel Ulibarri

El rojo por el que nadamos

 

Primero hubo algún otro orden de cosas hablado únicamente en sueños de la más oscura creación. Luego hubo tierra negra, mar y el rostro de la luz sobre el agua.

 

Entonces nació el espeso bosque alrededor, un brillo y la arcilla humana cuya sangre aún llevamos se levantó en nosotros, quienes recordamos cuevas con bisonte rojo pintado en la propia sangre.

 

Un salvajismo nadaba dentro de nuestras madres, deseo a través de los ojos cerrados, un niño nuevo con la máscara roja y húmeda del nacimiento, entregado a esta tierra ya herida, robada y quemada más allá de los cálculos.

 

Roja es esta flexible herida por naciones de cazadores con hierro, pedernal y fuego.

 

Rojo es el miedo que devuelve un cuchillo contra los hombres, lo sostiene en sus gargantas, y no pueden ver la garra en el mango ni la mano primitiva que los persigue y amenaza dentro de sus propias sangres.

 

Así que eso es caza, nacimiento y un tipo de muerte.

 

Luego estaba la medicina, la curación de heridas.

 

El rojo es fruto infinito de cuerpos robados.

 

Los doctores querían saber cómo curar la enfermedad y cómo sanan las heridas dentro de ellos mismos: como la vida se yergue en la piel, si no por arte de magia.

 

Adivinaron las sombras rojas de las sanguijuelas que nadaban en cuencos blancos de agua: creyeron en estrellas en la copa del cielo.

 

Cortaron la pared de piel con tal de vivir, el canal de su liberación del fuego salido.

 

En cuanto a la mano animal en el filo de la muerte, los cuchillos tienen tantos lados como el padre rojo de la guerra quien firma su nombre en la sangre de otros hombres.

 

Y rojo era el soldado que gateó a través de una zanja de sangre humana para vivir.

 

Era el canal de su liberación. Es su hijo quien vive cerca de mí.

 

El rojo es el trueno en nuestros oídos cuando nos encontramos. El amor, como la creación, es otro orden de cosas.

 

El rojo es la parte del fuego que he robado de raíz, pezuña y frutos caídos. Y esto era hambre.

 

El rojo es la casa humana a la que vuelvo de noche nadando dentro de la cueva de la piel que recuerda al bisonte.

 

En esa nación redonda de sangre todos estamos ardiendo, somos fuegos rojos, vivos e inseperables que se han arrastrado por existir.

 

Esta vida en el fuego, me encanta. La quiero, a esta vida…

 

One Comment

Dejá un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: