octubre 31, 2020

Las mulas, dice don Abundio, son muy rencorosas.

Los seminaristas, cuenta, pasaban las vacaciones de verano en el Bosque. Uno de ellos se molestó porque la mula del rancho no se dejó montar por él. Agarró un palo y la golpeó, enojado.

Pasaron los años. Cierto día llegó a La Finca un cura de La Comarca para encabezar la procesión de la Virgen de la Los Ángeles.

Iba por el camino con los fieles cuando una mula rompió la cuerda con que estaba atada, fue y le dio al presbítero una coz en las posaderas que lo lanzó a varios metros de distancia.

El sacerdote era el seminarista, y la mula era aquella a la que había golpeado.

Me dice don Abundio:

Hay que tratar con cuidado a las mulas, licenciado. Nunca olvidan.

Hace una pausa y en seguida añade:

Usted tiene también muy buena memoria, no agraviando.

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