septiembre 30, 2020

El enfoque de genero rural

Abordar las desigualdades y reducir las brechas que enfrentan las mujeres rurales requiere conocer la situación que ellas viven todos los días como productoras, reproductoras e integrantes de organizaciones.

Políticas públicas sólidas, programas y acciones afirmativas que incorporen el enfoque de género al ámbito rural, requieren también, junto a estrategias adecuadas, una gran coalición social capaz de sensibilizar sobre un aspecto crucial para el mundo moderno.

En América Latina y el Caribe viven 60 millones de mujeres rurales, de las cuales 17 millones están registradas como económicamente activas y solo 4.5 millones son consideradas como productoras agrícolas.

A pesar de que muchas son grandes productoras, exportadoras y líderes de organizaciones, todavía se las considera “la esposa del productor” o una “ayudante”, relegándolas a un rol subordinado.

En el mundo, las mujeres producen la mitad de los alimentos, pero siete de cada 10 personas con hambre son mujeres.

Las mujeres poseen menos del 15% de las tierras y menos del 2 % de las propiedades en los países en desarrollo.

Además, reciben solo el 10 % de los ingresos en el mundo pese a realizar dos tercios de todo el trabajo. De 800 millones de personas analfabetas, las mujeres rurales constituyen hasta dos tercios y representan el 43 % de la mano de obra agrícola en el mundo.

En el caso de las mujeres jóvenes, trabajan más horas, pero menos horas remuneradas, por lo que suelen carecer de ingresos propios, lo que las hace más dependientes de sus padres, hermanos o pareja, lo que deriva en muchos casos en situaciones de abuso y control, y otras expresiones de violencia de género.

Las mujeres en las zonas rurales tienen los peores índices de empleo y de acceso a los servicios básicos, y predominan en trabajos informales y de más baja remuneración

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