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Daniel Ulibarri

Mujer de cierto peso

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En un mundo que constantemente la hace sentir mal sobre su apariencia pero nadie quiere hablar del tema de frente, lo más cruel que se le puede decir a una mujer gorda es que no está gorda.

Su entorno ya es lo suficientemente hostil como para, encima, subestimar su inteligencia. La carga y el estigma están siempre presentes.

Y en una sociedad tan ligera de empatía y nobleza, el ser gorda duele y pesa.

La obesidad puede ser un riesgo según los doctores. Algunos ignorantes –tenían que ser ‘entrenadores personales’- aseguran que la gordura es incluso una ‘decisión’.

Según la gran mayoría de marcas y diseñadores la gordura es antiestética.

Y la gordura también es una industria que genera miles de millones al año: desde pastillas y recetas, hasta cirugías y dietas ‘secretas’.

Pero la verdad más gruesa es que de dichos a hechos la gordura, dependiendo del entorno, puede ser vergonzosa y dolorosa para cualquiera. Y en culturas que alcahuetean al machismo -tanto los hombres como las mujeres- la gordura es especialmente dura para ella.