septiembre 30, 2020

No olvidar legalizar la mota

Entre los asuntos de suma importancia, pero de menor urgencia que se acumulan entre los pendientes de este régimen, sin duda destaca el de la legalización de la marihuana.

En el fondo es una actitud moralina, conservadora y muy peligrosa. Tan irresponsable como la de sus antecesores; tan peligrosa que ha terminado por favorecer una irracional guerra con miles de millones de colones invertidos en recursos humanos para alcanzar sólo dos resultados: un gran fracaso y miles de cadáveres.

Existe también una posición racional, informada, que pugna por legalizarla y reglamentar su uso ya. Ahora. Es compartida por casi todos los expertos en temas de seguridad nacional y de salud pública.

Las evidencias son abrumadoras: no es en verdad adictiva -la “adicción psicológica” es un mito genial, pues todos somos susceptibles de ser “adictos emocionales” de infinidad de objetos o sujetos-, no causa mayores daños que cualquier cantidad de sustancias que hoy mismo son legales, y sobre todo no es letal.

El viejo ejemplo es inmejorable: la dosis mortal de marihuana es un costal de 40 kilos… lanzado a directamente su cabeza desde un tercer piso.

Regreso a la “adicción psicológica” con otro ejemplo: el amor. Todos conocemos casos de relaciones tóxicas, inseparables, pero no hay modo de prohibirlas.

Podemos, eso sí, intentar educar para que la gente aprenda a distinguirlas y tenga estrategias para salir de ellas.

Pues lo mismo con las sustancias: educación y redes de apoyo, mismas que se pueden financiar con los impuestos derivados de la reglamentación de su uso… y abuso.

Además, ya vamos tarde. Estados Unidos y Canadá van más avanzados en este tema, y si nos seguimos tardando, cuando decidamos legalizar la marihuana van a inundar el mercado no sólo en la oferta medicinal, también en la recreativa.

Y estamos hablando de un negocio de millones de dólares, tan sólo en Costa Rica. De ese tamaño es el pastel.

O quizás sea al revés: que sí urge dictaminar el nuevo estatus de la mota… pero el tema en sí no tiene la mayor importancia. Es una posición ridícula y hasta suicida, pero no faltan quienes la apoyen.

Quienes se dan cuenta de la urgencia de reglamentar y sacar de la clandestinidad su uso, pero a fin de cuentas les parece un tema menor, comparado con los problemas que ahora enfrenta la nación.

Por ejemplo, la muy arraigada corrupción y la ola de violencia asesina, que no dan tregua al País. De nuevo, es producto de la ignorancia: no se dan cuenta de la relación tan íntima que tienen con la impunidad… y con la estigmatización de las drogas

 

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