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Daniel Ulibarri

mi método de cristal

Puedo escuchar pequeños clics dentro de mi sueño.

La noche gotea su grifo plateado por mi espalda.

A las 4 de la mañana me despierto pensando en el hombre

crítico que se fue en agosto y se llevó su nombre consigo.

Mi cara en el espejo del baño tiene rayas blancas.

Me enjuago ese tarro y vuelvo a la cama,

listo para aparecerme fantasma, en cuerpo

desgarbado, dando tumbos sobre el frío de la llama.

Cómo se ilumina mi cara con mi método de cristal.

La transformación del hielo, la sensación inicial,

esa llama tan placentera y tan fugaz.

De las maneras que excita algo que me quema…

No puedo negar que los vivos me parecen más reales

cuando finalmente alcanzan la muerte y no me avergüenzo,

porque es el hielo de mis pequeños muertos quien me resucita

en esta triste vida. atrofiadas las energías, euforias intravenosas.

Mi alma cruda e intensa se desliza

dentro de mis narices, profunda como tempestades.

Un alma atrapada por nadie, fuera de vista como esta roca.

Paso las horas cepillando la alfombra y perdiendo dientes,

un ecosistema sin vegetación alguna.

Mis paredes adoloridas siempre sangran con una sensación igual.

Mi batir de alas, mi cara jalada y blanqueada talla en mí cuchillos de luz…

un rush, una oración a medio terminar con mi método de cristal.

Amante del humo, la gasolina, los químicos y preservantes. Quienes son amantes del "fitness", el gimnasio, las dietas y los maratones y cualquiera que abrigue escrúpulos de moralina, se encierre en sus 'tiquismiquis' de conciencia y provincialismos santurrones, deje de lado estos renglones ahora mismo.

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