septiembre 21, 2021

Allí estaba el día: el sol, la más evidente conflagración de amarillo, cuando el verano acaba de encontrarnos, allí en la plenitud del día, las flores, el sol, mi panza llena.

Vos y yo le hemos puesto las horas a mi profunda tristeza, en ríos de lágrimas que desembocan en el invierno, el invierno, el invierno…

Polos gemelos de mi deseo, ser o no ser, quien abra las puertas de su encierro hacia un campo donde caminé antes, y caí en todas las trampas.

Me encontraste lleno y retorciéndome, algunos huesos rotos por la cordura perdida. Me diste tu mano y el calor de tu aliento…

Aquel invierno, aquel invierno, aquel invierno, largo y eterno.

Arrastra su manto gris hasta el borde del año, y pienso en vos, en el verano que pronto llegará.

Amigo, ¿debería dar un grito desde mi jardín? Sé que volveré a llamarte, con la voz afligida por el pino, no importa la profundidad de la madera:

Que nunca dejaré de amarte.

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