Daniel Ulibarri

Mi estrella

 

Yo tengo para mí una estrella pequeñita que cayó a mitad del huerto cuando todos dormían.

 

La gente del Potrero habló de una luz que cruzó por encima del cerro de La Comarca y luego se perdió de vista.

 

Pero en la noche miro un vago resplandor al pie del nogal grande.

 

Aparece y desaparece igual que el fulgor de unos ojos intensos que se abren y se cierran.

 

Temo por esa estrella niña. El frío del invierno podría hacerle daño.

 

Me da miedo que se vaya al cielo, más por niña que por estrella.

 

En la noche salgo de la casa.

 

-“Estás loco“, me dice mi mente- y voy a buscarla para traerla conmigo y ponerla frente a la chimenea donde arde un fuego que hace olvidar todos los inviernos.

 

Pero cuando me acerco a ella la luz desaparece y quedo a solas con mi oscuridad y con mi frío.

 

Luego, cuando regreso, vuelvo a verla por la ventana de mi habitación.

 

Y así todas las noches.

 

¿Qué clase de hombre soy, me pregunto, que hace que la luz se haga sombra cuando me ve venir?

 

Con ese pensamiento me vuelvo yo también oscuridad.

 

Si por algún milagro la estrella viniera a buscarme no me encontraría.

 

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