Daniel Ulibarri

Melocotón

 

De las flores viene la bolsa de papel marrón de

duraznos que le compramos al tipo en la curva

donde giramos hacia carteles de color melocotón.

De las ramas cargadas, de las manos de dulce

compañerismo en los contenedores viene el

néctar del camino, los suculentos melocotones

que devoramos, con piel polvorienta, viene el

polvo familiar del verano, polvo que comemos.

Tomamos lo que amamos dentro, llevamos dentro

de nosotros un huerto, comemos no solo la piel,

sino la sombra, no solo el azúcar, sino los días,

para aguantar la fruta en nuestra mano, adorarla

y luego morderla: júbilo redondo del melocotón.

Hay días que vivimos como si la muerte no

estuviera en ninguna parte en el fondo;

de alegría en alegría en alegría, de ala en ala,

de flor en flor a flor imposible, a flor imposible.

 

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