septiembre 30, 2020

Mary Cooper

Hoy, más que nunca, necesitamos a Mary Cooper.

Vivió a mediados del pasado siglo en un pequeño pueblo del sur de Estados Unidos, en la época de mayor virulencia de la discriminación contra los afroamericanos.

Miss Cooper desafiaba los convencionalismos de su tiempo.

Anciana de raza blanca, culta y de buena condición social, cuando usaba el transporte público iba a sentarse en la parte posterior del autobús, la reservada para las personas de color.

Decía: “La gente de aquí atrás es mejor que la que va adelante“.

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Una noche los ensabanados del Ku Klux Klan pusieron una cruz en su jardín y le prendieron fuego.

Miss Cooper sabía que el jefe local de esa organización era el dueño del aserradero del lugar.

Lo fue a buscar, y cuando lo tuvo enfrente le dio con su sombrilla un golpe en la cabeza. Le dijo:

Si tú y los hijos de tal que anoche iban contigo se vuelven a acercar a mi casa no los recibiré con la sombrilla. Los recibiré con la escopeta.

No se volvieron a acercar.

Me habría gustado conocer a Mary Cooper.

Supo usar su sombrilla para algo más que para taparse el sol.

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