octubre 24, 2020

No soy hombre de mar, sino de tierra.

Sé que del mar salí, pero no quiero regresar a él. Le temo. Y ahí está siempre, el mismo cada día y cada día otro.

Me acerco a él y me parece que tiende las manos para hacerme su presa. Me alejo entonces, temeroso, como niño que inventara un monstruo para asustarse él solo.

Siempre que voy al mar siento una extraña inquietud que me desasosiega y no me permite disfrutar la belleza de eternidad que hay en él.

Por la noche escucho el oleaje, y es como escuchar una amenaza.

Está lleno de muertos ese mar.

No descansan en paz: las corrientes ocultas los arrastran como a seres sonámbulos que vagan por ese inmenso piélago a lo largo de todos los mundos, a lo largo de todos los siglos.

Quiero mi bosque, mi huerto, mi montaña. En ellos no me hundo, antes me elevo.

Alguna vez quizás volveré al mar, pero no lo sabré.

Seré uno más de los sonámbulos.

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