octubre 20, 2020

Por primera vez aparece en este espacio Fabricio “Maldotado”, infeliz hombre con quien natura se mostró avarienta en la parte correspondiente a la entrepierna.

Acudió a la consulta de un urólogo y le dijo:

“Tengo un problema en mi atributo de varón”.

El facultativo le pidió:

“Enséñeme esa parte”.

“Se la mostraré -accedió Fabricio-, pero deberá usted hacerme una formal promesa”.

El médico se extrañó.

“¿A qué promesa se refiere?”.

Dijo Maldotado:

“Júreme que no se reirá al ver mi parte”.

El doctor se puso serio.

“Ha de saber usted, joven imberbe, que en el ejercicio de mi profesión no hay lugar para la risa. El tratamiento de las enfermedades que afligen a la humanidad doliente demanda circunspección y parsimonia. Enséñeme usted su atributo, en la seguridad de que no será para mí motivo de chunga, chocarrería, guasa, zumba o irrisión”.

Tranquilizado por ese solemne ofrecimiento Fabricio Maldotado procedió a mostrarle su parte masculina al médico.

Al verla soltó el urólogo una carcajada.

“¿Lo ve, doctor? -se atribuló Meñico-. Le dije que se iba a reír”.

“Perdóneme -se apenó el galeno-, pero es que en todos los años que llevo practicando mi especialidad jamás había visto una parte de varón tan diminuta que es difícil verla. Necesitaré una poderosa lupa a fin de estar en posibilidad de revisarla. Pero dígame usted: ¿qué problema tiene en esa parte?”.

Contestó Fabricio:

“Está muy inflamada”.

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