octubre 24, 2020

El maestro enseñó al niño a hacer la a. Le dijo luego cómo hacer la e y las demás vocales: la i la o y la u.

En seguida le fue mostrando poco a poco la forma de escribir las otras letras: la be, la ese, la te, la equis, la u ve…

El niño aprendió aquello, y en su casa escribía trabajosamente las palabras que el preceptor le había puesto de tarea: mamá, papá, oso, casa…

Pasaron los años.

El niño se hizo hombre.

Pasaron los años.

El maestro murió.

Su nombre nadie lo recuerda.

Está olvidado.

Pero fue él quien enseñó a aquel niño a hacer la a y las otras letras.

Y un día aquel niño, ya hombre, escribió estas palabras:

En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…”.

Y lo demás.

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