octubre 24, 2020

Se diría que el mundo ha desaparecido.

La espesa niebla que por la noche bajó de la montaña ha cubierto los seres y las cosas, y lo único que se ve es esa cortina que sería negra si no tuviera algo de gris, que sería gris si no tuviera algo de negra.

También entra en mí esa bruma, y me entristece.

En ella se me pierde el alma y se me apesadumbra el corazón.

¿Habrá existido la alegría alguna vez?

¿Alguna vez habrá existido la esperanza?

De pronto la neblina empieza a disiparse y se eleva como un enorme pájaro que levantara el vuelo.

Brilla el sol y abre el oscuro cortinaje. Ahora lo gris y negro se pierden en el radioso azul.

El mundo vuelve a ser, y vuelven a ser las casas y los árboles, la vaca y el caballo, y todo lo que ya no era vuelve a ser.

También yo soy otra vez yo.

También se me ha alegrado el alma y ya no me pesa el corazón.

He aprendido que tras de la tiniebla está la luz.

Ahí está siempre, y no hay bruma que pueda apagarla para siempre.

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