octubre 17, 2021

En el húmedo campo del invierno al anochecer, las luciérnagas se elevan como chispas.

Imaginamos la presencia de fantasmas parpadeando, los fantasmas de los jóvenes amigos, padres que se acercan a la distancia.

Esta vez no llevan dolor sin remordimientos, su presencia es tan ligera…

La infancia nos llega con recuerdos la luz de una lámpara, sosteniéndonos a esos últimos momentos antes de acostarnos, capturando rayos, con una flor en la mano dejándolos ir.

Vuelve el movimiento aireado sobre el suelo.

Las luciérnagas se vuelven luciérnagas de nuevo, no forman parte de nuestras historias…

Tan inconscientes de nosotros como el sueño: hermosas y tranquilas a nuestro alrededor.

Dejá un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: