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Daniel Ulibarri

Los sueños no viven aquí

El agua corre por la acequia que pasa al pie de mi ventana.
Es media noche. El mundo está dormido. Yo no.
Yo estoy despierto en medio de la sombra. No veo nada, y nada me ve a mí.
Todo ha callado.
Sólo escucho aquí cerca el murmullo del agua, y allá lejos el insomne ladrido de un perro que se ladra a sí mismo.
No llega el sueño.
¿Será que habré cerrado con seguro la puerta de la habitación y no logra entrar?
Si contara hasta 100, según mi abuela me recomendaba, quizá podría dormir.
Pero cuento hasta mil y no duermo…
El sueño se ha ido, y los sueños ya no viven aquí.
El agua me arrullaría, pero tiene trabajo. Aún le falta un buen trecho para llegar al huerto.
¿Cómo va a gastar tiempo en arrullar a un hombre que ni siquiera sabe ya dormir?
Si al menos se tratara de un niño, o de un muchacho que todavía no ha aprendido a soñar despierto…
El agua corre por la acequia y se va.
La vida corre por mí, y copia al agua.

Amante del humo, la gasolina, los químicos y preservantes. Quienes son amantes del "fitness", el gimnasio, las dietas y los maratones y cualquiera que abrigue escrúpulos de moralina, se encierre en sus 'tiquismiquis' de conciencia y provincialismos santurrones, deje de lado estos renglones ahora mismo.

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