Daniel Ulibarri

Los pequeños

 

Veo que vivirás una vida ordinaria, tal vez tengás hijos, tal vez te casés con un hombre amable pero poco notable. 

 

Hay un viaje sencillo que te espera… ¡Adelante!

 

Tomá las decisiones que hay que tomar, como pintar el baño de arriba color azul marino o mudarse al oeste de la ciudad. 

 

No importa, de verdad.

 

Así es como los pequeños sobrevivimos, es como siempre ha sido.

 

Pero aquí, aquí en este pliegue, este pliegue que es como una cicatriz en tu pulgar, veo algo más…

 

Las cortinas de esta habitación rojas y rasgadas. 

 

Tenés que cerrarlas y dejar que te muestre lentamente la cama. 

 

Es de día y tu simple marido confía en vos y en mí.

 

Así es como los pequeños sobrevivimos, es como siempre ha sido.

 

Así que este es tu momento, el único recordarás: el soplo caliente de la brisa de marzo, el sol blanco en el cielo, el hilo de sudor en tu cuello que se volverá sal en mi lengua.

 

Esto que has sostenido y mantendrás toda tu vida, aunque te corta un poco el pulgar como una sola astilla de vidrio que brilla en una cantera sedimentaria. 

 

Así es como los pequeños sobrevivimos, es como siempre ha sido.

 

Morirás algún día, por supuesto, lentamente, tranquilamente.

No será en tu juventud y tampoco ocurrirá en tu vejez. 

Y antes de que te olviden, tus vecinos hablarán de vos con cariño.

 

Ahora guardá con fuerza este secreto en tu mano. 

Morirás con dicho secreto, pero sin remordimientos. 

 

Así es como los pequeños sobrevivimos, es como siempre ha sido.

 

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