Daniel Ulibarri

Los árboles

Apuntalado por árboles en su extremo lejano,

como es el camino en los cuentos morales:

si los árboles son realmente árboles, por su

sombra y lo que dentro de ellos esconden,

una amenaza, un olvido, un llamado…

o como conciencias siempre vacilantes,

ahora envueltas y con la armonía de un coro;

algo ondulante y ninguno para ser medido,

significados de telas frágiles y delgadas.

Una especie de prado, y luego árboles:

muchos, ensamblados, un bosque por lo tanto.

A través de la madera el gastado camino,

emblemático de tantos traspasos: ¡basta!

¿Quien va por allá? Una especie de prado,

donde termina comienzan los árboles,

hermanamiento de luz tardía y en marcha

la oscuridad que esperabas…

Tal vez un ciervo para dar un paso adelante,

para hacer de sus cuernos de doce puntas

el primer plano ramificado a un telón de fondo.

Querías todas las ramas, un pájaro para romper

la cubierta en ese ángulo en el que las alas

se agarran por completo a la luz que queda,

para que por una vez el pájaro no sea un milagro

en lo en absoluto, pero la sencillez de la paciencia

y una buena mano armando primero los huesos

delgados y ahora cuidando filas de plumas,

después el cepillo, la colocación del brillo…

hasta que hayás ido allí, y sea allí en el campo,

prometiendo que no hay más, cómo siempre.

El camino, te decís a vos mismo:, algo alcanzable,

pero que es probable…parpadeando, por fin.

El querer está cerca, carne iluminada y a la vez

sin luz, moteado y todo lo que está ahí atrás…

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