Daniel Ulibarri

Lo que queda

Mis parientes se inclinan, mirando expectantes.

Se humedecen los labios con la lengua.

Puedo sentirlos instándome a seguir.

Sostengo al bebé en el aire.

Montones de botellas rotas brillan al sol.

Una pequeña banda está tocando rancheras que no pasan de moda.

Mi madre marca el tiempo golpeando con el pie.

Mi padre está besando a una mujer que sigue saludando a alguien más.

Hay palmeras.

Las colinas están salpicadas de extravagantes naranjas y nubes ondulantes que se mueven detrás de ellos.

Adelante, muchacho

Escucho a alguien decir:

¡No parés!”.

Me sigo preguntando si lloverá.

El cielo se oscurece.

Hay truenos.

Rómpale las piernas”, dice una de mis tías,

Ahora dale un beso”. Hago lo que me dicen.

Los árboles se doblan en el sombrío viento tropical.

El bebé no gritó, pero recuerdo ese suspiro, cuando alcancé sus diminutos pulmones y los sacudí en el aire para las moscas.

Los familiares vitorearon.

Fue en ese momento que me di por vencido.

Ahora, cuando contesto el teléfono, sus labios están en el receptor;

cuando duermo, su cabello está recogido alrededor de una cara familiar en la almohada;

Donde sea que busque encuentro sus pies.

Él es lo que queda de mi vida.

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