Cae una lluvia mansa sobre el rancho. Ha llovido durante la mañana; llueve ahora, en la tarde; lloverá quizá esta noche.

Dibuja el agua su caligrafía en la ventana, y el gluglú de las gárgolas es una música monótona.

Veo sobre el muro de adobe unos pajarillos chileros que vuelven a todas partes la cabecita inquieta. Acaso se preguntan si nunca habrá ya cielo.

Esta lluvia de marzo no es de marzo. Por eso no la reconocen ni la casa ni los pájaros.

En mayo esta lluvia sería la misma de cada año, pero hoy es lluvia extraña.

¿Por qué nos llega ahora, que es tan temprano para llover?

Si la tierra supiera preguntar, preguntaría. Pero la tierra no sabe hacer preguntas; sabe únicamente contestar.

Yo me pregunto qué ha cambiado, si las montañas o las nubes. Todo es tan diferente…

No hallo contestación a mi pregunta. Sigo entonces oyendo la melopea de las gárgolas, y siento la misma inquietud de los chileros.

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