No queda nada más

que una cáscara hueca.

No queda nada más que dormir.

No hay flecha plateada por seguir,

no hay dolor que perder o mantener.

Desafiladas y plateadas las gaviotas,

flechas que atraviesan el cielo encorvado,

la lluvia tira una pérdida gris olvidada.

El día sale amortiguado en plata mojada,

el sonido de las olas y las piedras

arrastradas duele como una pena encontrada.

Se trazó en la arena un corazón

y dejó que las olas lo revolcaran:

nada quedó, en ninguna parte,

se fue el amor y el amante.

Durante todo el día plateado,

la flecha punzante dio en el blanco.

El patrón del corazón se desvaneció,

las olas se disolvieron en espuma.

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