fbpx
Daniel Ulibarri

Las olas

No queda nada más

que una cáscara hueca.

No queda nada más que dormir.

No hay flecha plateada por seguir,

no hay dolor que perder o mantener.

Desafiladas y plateadas las gaviotas,

flechas que atraviesan el cielo encorvado,

la lluvia tira una pérdida gris olvidada.

El día sale amortiguado en plata mojada,

el sonido de las olas y las piedras

arrastradas duele como una pena encontrada.

Se trazó en la arena un corazón

y dejó que las olas lo revolcaran:

nada quedó, en ninguna parte,

se fue el amor y el amante.

Durante todo el día plateado,

la flecha punzante dio en el blanco.

El patrón del corazón se desvaneció,

las olas se disolvieron en espuma.

Amante del humo, la gasolina, los químicos y preservantes. Quienes son amantes del "fitness", el gimnasio, las dietas y los maratones y cualquiera que abrigue escrúpulos de moralina, se encierre en sus 'tiquismiquis' de conciencia y provincialismos santurrones, deje de lado estos renglones ahora mismo.

Dejá un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: