Dos nubes contemplan a los hombres desde lo alto.

Mirá -dice una-. Aquel parece un elefante.

-responde la otra-. Y mirá a ese otro. Tiene forma de serpiente.

Y aquella mujer tan emperifollada -dice la primera- ¿no te recuerda a un pastel de bodas?

Es cierto -contesta la otra nube-. Y mirá a esa otra. Me hace pensar en una ballena.

Y siguen así, hallando en los humanos formas diferentes. Éste semeja un león. Otro tiene figura de lagarto. Aquella mujer que va pasando con movimientos ondulantes es como un barco que se agita entre las olas…

A veces vemos las nubes desde abajo. Desde arriba ellas nos miran siempre sin que nosotros nos demos cuenta.

De algo que es efímero decimos nosotros: «Es pasajero, como las nubes».

De algo que no dura las nubes dicen: «Es pasajero, como los hombres».

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