Daniel Ulibarri

Las hojas

Creo que las hojas deberían poder amar siempre,
tener permiso para moverse a través del viento.
Hacia el suelo estaban mirando mientras colgaban,
hay algo en la oscuridad que se teje como un nombre.
Ahora, cuando las hierbas agonizantes se cubren con
el velo de la tierra desde el cielo en una pálida ola final,
nosotros que nos morimos podemos pelar otro tipo de velo
que penda entre nosotros como humo espeso.
Esta noche por fin siento las hojas temblar.
Creo que las noches se alejan miles de años atrás de los días
hasta que lleguen a la oscuridad donde todo de mí es antepasado.
Muevo mi mano y cómo las hojas se deslizan conmigo,
y cuando me cepillo mi propia mente a través de otra,
estoy con la madre de las madres.
Seguro como pasos en mi espera, yo la encuentro,
y ella trae brazos que llevan respuestas para mi,
íntimas como una recompensa por la que vale la pena la espera.
Ella me lleva y deja este rastro a través de un estremecimiento del velo,
y nos vamos, como las hojas que aman: un regalo para las mirada perpetuas.

Dejá un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: