septiembre 21, 2021

Junto al gran faro de la costa aquel hombre encendía todas las noches una pequeña lámpara.

Los marineros se reían de él.

¿Para qué encendés esa lámpara? -le decían, burlones-. Ni siquiera se ve su luz con el fulgor del faro.

Una noche la esplendorosa luz del faro se apagó en medio del fragor de la tormenta. Los marinos perdieron el rumbo en la borrasca. Pero de pronto vieron un diminuto resplandor: era el de aquella lámpara, que el hombre mantuvo encendida en medio de la tempestad. Por ella se guiaron hasta llegar a puerto.

Aunque la luz de los demás sea más grande debemos mantener siempre encendida nuestra pequeña luz. Tarde o temprano alguien la va a necesitar.

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