Daniel Ulibarri

La vieja tierra

Sonrisa gigantesca de la vieja tierra.

Cómo pone sus huesos para tomar el sol,

y empuja las rodillas y los pies para que corran

las ondas en su alegría al escuchar momentos,

sacando pecho entre en el montón de piedras.

Esa es la doctrina, simple, antigua, verdadera.

Tal es la prueba de la vida, como la vieja tierra sabe y sonríe.

Si amases sólo lo que valía tu amor,

el amor era ganancia clara y eterna para vos:

¡Hará que la baja naturaleza sea mejor con tus dolores!

¡Bajarás a la tierra vos mismo y sumarás a la belleza de arriba!

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