El Funcionario del Estado hizo llamar al señor equis y le impartió una orden terminante:

No diga la verdad.

Al día siguiente lo llamó otra vez y le ordenó de nuevo:

-No diga la verdad.

Un día después lo hizo llamar por vez tercera y le ordenó como antes:

-No diga la verdad.

En esta ocasión añadió algo. Le dijo al señor equis:

-Nunca diga la verdad.

El señor equis se atrevió a preguntar:

-¿Por qué no quiere Usted que yo diga la verdad?

El Funcionario se dignó responder:

-Porque eso ayudaría a nuestros adversarios.

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