Con esto de la plaga ya no hay gente en la cocina de la antigua casona del Potrero.

Cenizas quedan sólo de la lumbre que hace un año ardía todas las noches en el fogón donde borbollaba la olla con el agua para hacer el té de menta.

Yo escucho todavía, sin embargo, la voz de doña Rosa contando las socarronerías de don Efrén, su marido.

-Llamó a la puerta de la casa un señor que venía de la ciudad. Abrió Efrén, y el señor le preguntó cuál era el modo más rápido de llegar al pueblo. Efrén le preguntó:

-¿Usted viene a pie o en carro?

Contestó el señor:

En carro.

Le dijo entonces Efrén:

Ése es el modo más rápido.

Y le dio con la puerta en las narices.

Don Efrén oye el relato y exclama con enojo:

¡Vieja habladora!

Doña Rosa se lleva a los labios los dedos con que ha figurado el signo de la cruz y dice:

Por ésta.

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