septiembre 27, 2020

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Jadeos. Respiraciones agitadas. Exclamaciones de placer. Palabras de pasión, entrecortadas.

Todos esos ruidos, y otros que no se pueden describir gráficamente, salían de aquel automóvil estacionado en sitio oscuro, que además se movía con rítmico compás.

El automóvil, digo, no el sitio.

El oficial de policía bajó de su patrulla, se dirigió al vehículo y proyectó el haz de luz de su linterna al interior del coche.

¿Qué vio?

Fácil es adivinarlo: en el asiento trasero una pareja estaba entregada al consabido rito del amor.

Les dijo el patrullero: “Quedan ustedes detenidos por cometer faltas a la moral“.

Ninguna falta a la moral estamos cometiendo -replicó el sujeto-. La señora es mi esposa“.

Perdone, caballero -se disculpó el oficial-. No lo sabía“.

Declaró el individuo: “Yo tampoco, hasta que usted nos echó la luz de su linterna“.

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