febrero 26, 2021

Anoche, cuando la luna se deslizó en mi habitación

del ático como un oblongo de luz,

Sentí que había llegado a compadecerse.

Era el final del año, quizás el final  de mi soledad.

Ella viajó con una pequeña maleta de la oscuridad,

y las primeras estrellas volviendo al cielo del norte,

y mi habitación, parecía, la había echado de menos.

Ella fingió un interés en la estantería

mientras que otros objetos habría agitado,

como en un estanque de rocas,

con vida inesperada:

relucían hilos de cuentas en su cuenco verde,

el escritorio lleno de papeles;

los libros inclinados listos para abrirse y confesar:

no estar seguros de la luna

o si alberga una intención,

Esperé; visto por su mirada fría

me desvistió como un boceto de flores

clavado en la pared del fondo…

luego deslizamos hacia abajo para reclinarnos

a lo largo del piso de madera

de pino, antes de que hubiera tenido suficiente…

Luna, Dije: Ambos tenemos cicatrices ahora.

¿Están más allá de vos las simples palabras de amor?

Deciles a ellos. Te lo digo yo:

La luna a mí no me parió:

No sos mi madre;

porque con mi madre,

esperaría hasta la muerte.

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