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Daniel Ulibarri

La lluvia

Lluvia, lluvia de medianoche, nada más que la lluvia salvaje

En esta choza abandonada, la soledad y yo

Recordando de nuevo que moriré

Sin oír la lluvia ni darle las gracias

Por lavarme y dejarme más limpio de lo que he estado

Desde que nací en esta soledad.

Bienaventurados los muertos sobre los que llueve:

Pero aquí rezo para que nadie a quien una vez amé

Esté muriendo esta noche o todavía despierto

Solitario, escuchando la lluvia

O con dolor o por lo tanto en simpatía

Indefenso entre los vivos y los muertos,

Como agua fría entre juncos rotos,

Miríadas de quietos y rígidos,

Como yo que no tengo amor que esta lluvia salvaje

No haya disuelto excepto el amor a la muerte,

Si el amor es hacia lo perfecto y

No puedo, me dice la tempestad,

decepcionar.

Amante del humo, la gasolina, los químicos y preservantes. Quienes son amantes del "fitness", el gimnasio, las dietas y los maratones y cualquiera que abrigue escrúpulos de moralina, se encierre en sus 'tiquismiquis' de conciencia y provincialismos santurrones, deje de lado estos renglones ahora mismo.

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