diciembre 4, 2020

Llegó y me dijo:

Soy la gota flaca.

No entiendo -respondí desconcertado.

Explicó ella:

¿Ha oído usted la expresión “sudar la gota gorda”? Pues bien: yo soy la gota flaca.

Mucho gusto -le dije-. ¿En qué puedo servirla?

Por favor, diga usted a sus lectores que si no me sudan a mí, después tendrán que sudar la gota gorda. Quiero decir que los pequeños problemas, si no se atienden a tiempo, se convierten en problemas grandes.

Le prometí que cumpliría el encargo.

Y aquí estoy, sudando la gota flaca para no tener que sudar después la gota gorda.

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