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Daniel Ulibarri

La fe no mueve montañas

La fe mueve montañas, dicen.
 
Y es verdad.
 
En cierta ocasión la fe movió una montaña.
 
Los creyentes celebraron grandemente el suceso, pues los confirmaba en su fe.
 
Sucedió, sin embargo, que el movimiento de la montaña provocó cambios climáticos en la región donde la enorme mole había estado.
 
Los vientos dominantes sufrieron variaciones de consideración; se alteró sensiblemente el ciclo de las estaciones, y las cosechas tradicionales desaparecieron. La producción agrícola descendió en modo radical.
 
Eso provocó que los pobladores de la comarca tuvieran que emigrar. Ahora sufren pobreza en las ciudades. Problemas semejantes surgieron en el lugar donde la montaña quedó después de haber sido movida por la fe.
 
Fue entonces cuando el Señor le prohibió a la fe andar por ahí causando esa clase de trastornos.

 

Por eso desde hace mucho tiempo la fe ya no ha movido montañas.

Amante del humo, la gasolina, los químicos y preservantes. Quienes son amantes del "fitness", el gimnasio, las dietas y los maratones y cualquiera que abrigue escrúpulos de moralina, se encierre en sus 'tiquismiquis' de conciencia y provincialismos santurrones, deje de lado estos renglones ahora mismo.

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