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Daniel Ulibarri

La dualidad de lo mundano

Hay al menos dos tipos de personas en el mundo: están aquellas que sienten que lo ordinario y la mundanalidad es fácil. Las rutinas sociales regulares y los cuidados materiales son nada demasiado externo a ellas y de fácil absorción. No son ajenas a la creación y el mantenimiento del mundo, y el mundo no las trata como extraterrestres. Y también, de estas personas, los esfuerzos hacia el mundo, y para ellas, el cumplimiento de los deseos moderados del mundo, fluyen. Sin problemas para comer, moverse, saber dónde colocar los brazos mientras se sientan o están de pie, con trabajo, salario, que limpian, gastan, juegan, tienen pareja. Encuentran con facilidad la comodidad. El mundo es para el mundo y para estas personas.

Luego están aquellos sobre quienes se ven envueltos los eventos y oportunidades del mundo cotidiano. Rara vez hay, en este segundo grupo, una manera fácil y sencilla de absorción. Solo hay evidencias visibles de haber sido hechos de una sustancia diferente, una que repele. Además, para ellos resulta casi imposible entregarle al mundo lo que exige: dar a cambio de ser recompensados. Este segundo tipo de gente, ¿cómo sostiene sus brazos? ¿A través de sus pechos? ¿A sus espaldas? ¿Y cómo encuentran alimento para comer y luego preparar esta comida? ¿Y cómo reciben un cheque o lo endosan? ¿Qué pasa con las dificultades para amar o ser amados, con la amplitud y forma en que se manifiestan sus estados de ánimo complicados?

¿Y cuál es esta segunda sustancia? ¿Y cómo llega a tener como una de sus cualidades la resistencia al mundo tal como es? Y también, ¿de qué están hechas las personas de esa segunda sustancia? ¿Será algo humano, más o menos? ¿D