Juré que jamás regresaría

Para posar sobre estanques de vidrio

Donde se halla el áspero aliento

Que construyó la tierra, allí…

Bajo los árboles pesados con su corteza

Abundante en condimentos comestibles

Ni tan sólo por una hora, aunque mi corazón

Se mueva, sediento, por beber el pensamiento…

Volvería corriendo a mi bote

Bajo la lluvia parda que lo hizo resbaladizo…

Juré que ni por recuperar mi juventud

Volvería a la ignorancia y ser el pájaro salvaje

Arrojado por las estaciones oscuras del agua

Con una tormenta de tinta

de ánimos oscuros contra mi alma…

Y no hay tierra firme dentro de mi pecho

Solo el aliento de un dios desdibujado

Cocinas aromáticas de árboles refrescantes,

Y el cartílago verde roto del llanto de mis rodillas…

Sin suficiente tierra fuerte dentro de mi pecho

Para sostener un universo hecho sin aliento

Resbaladizo como pez ante el húmedo cemento

Plagado de espejos y apagados reflejos…

Puse una empuñadura de vidrio sobre mi juventud

Y ni siquiera por las piscinas de agua volvería

A un universo irreal como el aliento, que aún no pierdo…

El gran músculo de mi corazón,

Tendrá la sed de un borracho

En la dolorosa tormenta del estado de los árboles.

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