septiembre 30, 2020

original (11)

Dulcilí se inscribió en un club nudista, y asistió al baile de aniversario de la agrupación.

Pero me salí muy pronto -relató-. Las cosas estaban muy agitadas“.


La maestra les pidió a los niños que mencionaran algo bonito.

El crepúsculo” -propuso Juanilito

El cielo con estrellas” -sugirió Rosita.

Habló Pepito:

El embarazo“.

¿El embarazo? -se desconcertó la profesora-. ¿Por qué decís que el embarazo es algo bonito?“.

Explicó el chiquillo:

Mi hermano mayor le contó a mi papá que había embarazado a su novia, y mi papi le dijo: ‘Qué bonito, ¿verdad? Qué bonito‘”.


Doña Macalota, esposa de don Chinguetas, les comentó a sus amigas:

Mi marido es antropólogo“.

¿De veras?” -se interesó una.

-confirmó doña Macalota-. Conoce a toda la naturaleza humana de la ciudad“.


El joven Castulino, muchacho de buena conducta, cedió a los encantos de Frinela y fue con ella a la cama.

Al terminar el trance erótico sintió remordimiento por su claudicación. Apenado le dijo a la chica:

Quiero que sepás que esto no es práctica común en mí“.

Replico Frinela:

Ya me di cuenta. De inmediato noté que no tenés ninguna práctica“.


Doña Tridua le contó a doña Tebaida:

En esa universidad las alumnas y los alumnos se matriculan juntos“.

¡Caramba! -se escandalizó doña Tebaida-. ¡Hasta dónde han llegado las costumbres!“.


Él: “Andá, mi amor. Un dedito nada más“.

Ella: “No. Así le dicen a una, y las cosas nunca paran ahí“.

Él: “Vamos, mi vida. Te prometo que será solamente un dedito“.

Ella: “Te digo que no. Luego sigue lo demás, y cuando menos lo piense ya estaré en problemas“.

Él: “Pero, mi cielo: ¿qué daño puede hacerte un dedito de vino?“.


La esposa de don Languidio le reveló al médico de la familia que su marido ya no podía izar el lábaro de su varonía.

Llega usted en el momento oportuno –declaró el facultativo-. Precisamente hoy recibí un centilitro de las miríficas aguas de Sapo, capaces de animar al más desanimado. En el Museo de Jutlandia le administraron un par de gotas a la momia de un hombre de la Edad de Piedra, y el cavernario se puso como loco. Todo el personal femenino de la institución salió corriendo para librarse de los ímpetus eróticos del revivido troglodita. El director fue el que la llevó. Dele usted estas gotas a su esposo y ya verá los resultados“.

Al día siguiente el facultativo llamó por teléfono a la señora y le preguntó si las gotas habían funcionado:

¡Y en qué forma, doctor! -exclamó ella-. ¡Los resultados han sido maravillosos! ¡Estoy feliz!“.

Ya veo -sonrió el médico-. Y ¿qué opina de esto su marido?“.

Respondió la señora:

A él todavía no le he dado las gotas“.


Dejá un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: