fbpx
Daniel Ulibarri

Por qué la más reciente irrupción feminista está harta

El movimiento feminista está en la construcción de una nueva ola. Tal vez la más poderosa de todas las que precedieron al momento actual. Ésta es la ola de las más jóvenes feministas. La ola más innovadora, más disruptiva, más visual y la más efectiva. La magnitud de lo que están construyendo las más jóvenes, la más reciente irrupción del movimiento, tal vez ni merezca el nombre de una cuarta ola, sino de un verdadero tsunami feminista.

Desde la ocupación del espacio público, pasando por la furia de las anarquistas, las feministas de hoy denuncian el acoso, exigen alto a la violencia machista, demandan justicia, gritan primero las pobres, marchan en las aglomeraciones más grandes, organizan un paro nacional, critican que las artes solo premien a los hombres o que las planas editoriales estén llenas de señores, cuestionan que una editora gane menos que su par hombre, evidencian cómo el calentamiento global afecta especialmente a las mujeres o revindican el fin de la explotación de las hembras no humanas como una causa del feminismo.

La más reciente irrupción feminista está harta de que en Costa Rica sigan existiendo embarazos adolescentes y niñas madres. Está harta de que no se reconozca la violencia que afecta a las mujeres como un tipo específico de violencia, uno que se ensaña con los cuerpos de las mujeres solo por eso, porque son mujeres.

Este tsunami le exige al gobierno que sea realmente feminista y no como discurso. Por ello exige el acceso a un aborto seguro, legal y gratuito porque negarle esa posibilidad a una mujer es violencia, es ausencia de justicia social. Este tsunami no parará hasta que en todo México se consolide el derecho a decidir, tal y como no pararon las madres de las olas anteriores hasta que el voto fuera nacional o hasta que hubiese paridad legislativa.

Todas las integrantes de este tsunami, desde las más jóvenes, hasta las más maduras integrantes de esta ola, y también para los hombres que votamos por él, no basta con que el Presidente diga que es “humanista”, lo que queremos es un Presidente que se reconozca como aliado feminista. Para todas ellas, no hay transformación posible sin las mujeres.