octubre 22, 2020

El intelectual tenía una gran biblioteca.

Se decía que ni Erasmo de Rotterdam, su contemporáneo, tenía tantos y tan valiosos libros.

Sin embargo entre los libros de El intelectual no estaban la Biblia y el Corán.

No merezco tenerlos -explicaba él públicamente.

Pero a sus amigos les decía en secreto que esos libros le hacían sentir miedo, por eso no los tenía entre los suyos.

Cierto día unos hombres de religión visitaron la biblioteca de El intelectual.

Tras revisar los anaqueles le dijeron con severidad:

No están aquí los libros sagrados.

Respondió él:

Todos los libros son sagrados para aquel que ama la lectura.

Los visitantes se miraron entre sí.

Uno de ellos comentó después:

Ya me habían dicho que ese hombre, por haberse acercado tanto a los libros, se alejó de los sagrados.

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