Daniel Ulibarri

Fuerzas indiferentes

Nos paramos junto a un estanque ese día de invierno,

Y el sol se puso blanco, como reprendido por Dios,

Y algunas hojas yacían sobre el césped hambriento;

– Habían caído de una ceniza, y eran grises.

Tus ojos en mí eran como ojos que vagan sobre tediosos acertijos de hace años;

Algunas palabras jugaron entre nosotros de un lado a otro sobre lo que más perdíamos por nuestro amor.

La sonrisa en tu boca fue la primer muerte…

suficientemente viva como para tener la fuerza necesaria para morir;

Y una sonrisa de amargura barrió así como un pájaro siniestro…

Desde entonces, agudas lecciones que el amor engaña,y se retuerce con mal, me han dado forma

Tu rostro, y el Dios maldito sol, y un árbol,

Y un estanque bordeado de hojas grisáceas.

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