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Daniel Ulibarri

El incrédulo

El incrédulo le pidió a San Virila que hiciera algún milagro para poder creer.

San Virilia se resistía.

No ignoraba que los incrédulos son tan empecinados en su incredulidad que aunque vean cien milagros seguirán sin creer.

Le preguntó:

¿Qué clase de milagro quieres que haga?

Cualquiera -contestó el escéptico-. Por ejemplo, haz que se detenga el Sol.

Eso tendría muchas consecuencias -dijo San Virila-. Haré un milagro que no tendrá ninguna: te detendré a ti.

Y así diciendo convirtió al hombre en estatua de piedra.

Aquello, en efecto, no tuvo ninguna consecuencia, aparte de beneficiar a las palomas.

Sólo su