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Daniel Ulibarri

Imagino

El verano significaba sacar

mi brazo por la parte trasera

de un carro hecho pistola.

Ninguna otra ventana bajaba

más que la mía, imagino.

Consecuencias de un mecánico

y de sus extrañas manos callosas

que me dejó veranos pegajosos,

sudor goteando de mi frente

ayer, hoy y siempre.

Saludé para hacer creer

a fantasmas amigos

que mis brazos bailaban

contra el viento, imagino.

Me consuelo en la resistencia,

en el aire cálido de mis desiertos.

Los fantasmas cantan, imagino…

en un boombox sin baterías…

El auto abraza las curvas

de la autopista como un niño

sosteniendo la mano de su mamá,

temerosa de caminar sola

en la oscuridad, imagino.

Mis abuelas me contaron

historias del desierto,

de las serpientes gigantes

que se posaban en las montañas

para crear cañones.

Imagino la tierra crujiendo

bajo el peso de una tristeza insoportable.

Imagino lo que se siente colapsar

en un territorio inexplorado

por la pena y el dolor.

De niño aprendí la historia

de una madre que lloró tantas

lágrimas que creó un lago

en medio del desierto.

Hoy ella se sienta en piedra

bajo un cielo cosido por estrellas,

sosteniendo el azul que

de otro modo estaría libre,  imagino.

El mes pasado leí que una orca

dio a luz a una ternera que murió

treinta minutos después de entrar

a nuestro mundo.

La orca cargó muerta a la orca ternera

durante 17 días atada por el dolor…

De ella es el precio pagado por

el amor y el cariño que imagino…

Amante del humo, la gasolina, los químicos y preservantes. Quienes son amantes del "fitness", el gimnasio, las dietas y los maratones y cualquiera que abrigue escrúpulos de moralina, se encierre en sus 'tiquismiquis' de conciencia y provincialismos santurrones, deje de lado estos renglones ahora mismo.

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