Daniel Ulibarri

Humedades

 
El agua rugía por todas partes a nuestro alrededor,
pero desde la orilla todo lo que pudimos ver fueron
espumas y destellos rápidos aquí y allá, entre los peñascos.
 
Cautelosamente, como si pudieran despertarse, trepamos
las losas y jorobas gigantes, los óvalos tostados por el sol.
 
Grumoso como arcilla martillada, un río abajo debajo
de nosotros y vagas formas de otros, casi ondulantes.
 
Amebas magnificadas, extendiéndose hasta más vagas,
convirtiendo el estrecho arroyo en costura lunar.
 
Descendiendo sobre los lados masivos pudimos distinguir
agua más vieja en el grano áspero, corrientes ondulantes,
inmóviles, banda arremolinada sobre banda.
 
Succión y arrastre de las mareas: doscientos mil años,
dos mil millones, el núcleo fundido, rastro de gases
en la noche inmensa, al alcance de nuestras manos.
 
Por la roca resbaladiza te deslizaste, empujando contra
el peso blanco de la niebla torrencial tu piel de gallina,
moteada y brillante como la mica, parte de vos mismo.
 
Te volviste, sonriendo, llamando y haciéndome señas para
que bajase a donde vos estuvieses, para reunirnos siempre.
 
Y así lo hice.
 

One Comment

  • ordenydecadencia

    “Grumoso como arcilla martillada”. “…convirtiendo el estrecho arroyo en costura lunar”. “…los lados masivos”. Todas son imágenes de gran fuerza y originalidad.

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